Integrar el Cuerpo, la Respiración y la Mente

Encontrar Equilibrio Físico, Mental y Emocional

El Qigong, que se puede traducir como “Trabajo con la Energía Vital”, pertenece a la Medicina Tradicional China, igual que la acupuntura, la moxibustión, el masaje tuina y la fitoterapia.

Los primeros escritos que se tienen sobre Qigong datan del siglo XXVI antes de Cristo, el cual se cita en el libro llamado «Clásico de medicina interna del Emperador Amarillo», atribuido al mítico emperador fundador de la civilización china Huang Di.

La Medicina Tradicional China ve al cuerpo humano como una forma holística, lo que significa que cualquier alteración que afecte a alguno de los cuerpos físico, mental o emocional, lo podrá hacer del mismo modo a los otros dos, desequilibrando de esta manera la energía vital que los recorre, el Qi.

El Qigong, mediante posturas y ejercicios físicos, es capaz de restaurar ese equilibrio perdido, consiguiendo de esa manera, con una práctica habitual, una mejora en la calidad de vida de aquellas personas que padezcan alguna enfermedad, e incluso pudiendo llegar a recuperar totalmente la salud.

De igual forma el Qigong, con sus movimientos relajados y armoniosos, ayuda a incrementar la producción de esa energía vital y optimiza su circulación y distribución, para que así pueda llegar con mayor facilidad a todos los rincones de nuestro cuerpo. De ese modo, el Qigong refuerza nuestro sistema inmunitario y se convierte en una potente práctica preventiva de amplio espectro.

Existe un gran abanico de sistemas de Qigong y se estima que en China hay más de 100 sistemas diferentes. Estos sistemas se pueden ordenar por su corriente filosófica, es decir, Taoísta, Budista o Tibetana; por escuela Médica o Marcial; en Internos o Externos; en Estáticos o Dinámicos.

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